SORAIDA SALWALA

“Si no hay nadie que lo haga, lo haré yo misma. No hay marcha atrás”. Podría decirse que esta frase define la personalidad de esta extraordinaria mujer, luchadora y constante.

Desde pequeña su padre le inculcó el amor por la naturaleza y en su mente quedaron grabadas sus palabras: “Tienes que querer y respetar no sólo a los humanos sino también a los animales y a la naturaleza”.

Con 8 años eran muy frecuentes sus paseos por la selva donde su padre le mostró la belleza de este mundo y de los animales que la habitan. Con estas pequeñas escapadas quería que su hija disfrutara y respirara del aire libre, que podría mejorar un poco su delicada salud. A esa edad, un acontecimiento hizo que su vida diera un giro radical. En mitad de la carretera se encontraron a un elefante herido, a punto de morir: había sido atropellado. Su ingenuidad infantil le hizo preguntar a su padre porqué no era trasladado a un hospital con lo que el padre le contestó que era imposible porque no existen hospitales para elefantes, pues son animales demasiado grandes. A partir de entonces, Soraida decidió emprender una tarea y adivinó perfectamente su futuro. Tres años más tarde, su padre murió pero le dejó la mejor herencia que un padre puede dejar a sus hijos: unos valores auténticos, el amor por la naturaleza y por todo lo que Dios ha creado.

Siempre ha luchado contra la enfermedad y en contra de los que se niegan a entenderlo. Teniendo en cuenta los problemas de salud que ha tenido desde que era una niña, parece increíble la fuerza de esta mujer: ha tenido que sufrir problemas respiratorios, estomacales, de corazón, etc. Pero su delicada salud no impidió que comenzara una empresa muy difícil de mantener y sobre todo de hacer que perdurara en el tiempo.

Pero este hospital, que cada vez está cobrando más fuerza por todo el mundo, no es el único proyecto por el que ha luchado Soraida. Hace unos años, junto con el médico que la trató desde pequeña y amigo de la familia, Dr. Boonsong Lekagul, participó en una fundación para luchar contra la destrucción de la selva: Wildlife Found Fundation. El Doctor Lekagul llevaba ya más de 40 años luchando contra esta injusticia: se talaban árboles para pode vender la madera, se construían presas, etc.. y para eso empleaban a los elefantes que sufrían de maltratos, mal nutrición… En 1998 consiguieron que el Gobierno prohibiera la explotación forestal. Protegieron la selva, pero no a los elefantes y sus cuidadores, Cornacas o Mahouts, que quedaron desprotegidos.

Pero tendría que ser testigo de otra grave injusticia para que se pusiera manos a la obra: Vio morir a una cría de elefante que se había caído en una catarata. Pidió ayuda a diferentes organismos y nadie atendió sus súplicas.

Fue cuando en 1993 creó el primer hospital en el mundo de Elefantes de Tailandia equipado con unidades veterinarios móviles y la Fundación que recauda dinero para poder mantenerlo: Friends of the Asian Elephants (Amigos de los Elefantes Asiáticos). Se atienden 700 elefantes al año: Cuando llega uno, Soraida les acaricia la mejilla y les consuela diciéndoles: “Tener paciencia, aquí os cuidaremos”. Pueden verse entonces, lágrimas cayendo de los ojos de estos animales indefensos. La relación que tiene con estos animales es como la de una madre con su hijo.

Niños van a visitar a Soraida y a sus elefantes al hospital y ella intenta inculcarles lo mismo que le enseñó su padre. Se ha tenido que enfrentar con muchas dificultadas para poder llevar a cabo esta obra, pero nunca se ha rendido. Sus ganas de vivir y de proteger la selva y los elefantes, la han permitido ser una de las mujeres más fuertes y luchadoras de su país. Desde entonces, Soraida está dedicada exclusivamente a la preservación y al cuidado de los elefantes asiáticos que, por desgracia, siguen siendo maltratados y mal cuidados.